Artículo de Eduardo López-Dóriga, publicado en Diario de Navarra el 2 de mayo de 2025
Vaya jirón al callejero de Pamplona
Un “jirón” es un pedazo desgarrado del vestido o de otra ropa. También es un sinónimo de andrajo, harapo o guiñapo.
No se debe confundir con un “sirón”, que según un artículo de la página turismovasco.com se trata de un reptil. Con más detalle explica que “sirón o zirauna en euskera, suele ser confundido habitualmente con una serpiente, pero en realidad se trata de un lagarto sin patas, una especie un tanto peculiar a la que también se le conoce en otras zonas de la península como culebrilla de cristal, lución, enánago o esculibiertu”.
Así que una cosa es un “jirón” y otra cosa bien distinta es un “sirón”.
Pues bien, el alcalde Asirón ha decidido hacer un buen jirón al callejero de Pamplona y borrar de un plumazo una serie de nombres que le resultaban molestos por su supuesto pasado franquista.
Una de las calles condenadas era la del General Los Arcos, pero resulta que ha tenido que dar marcha atrás y reconocer su error porque se trataba del General Antonio Los Arcos, ingeniero del ejército, que nada tenía que ver con el que fuera gobernador de militar de Navarra, José Los Arcos.
Otra calle en el punto de mira de la nueva inquisición es la dedicada a Víctor Eusa, por haber participado en la Junta General Carlista al inicio de la guerra civil. Eusa fue uno de los arquitectos más destacados de Pamplona, y su trabajo ha sido reconocido por la Junta del Colegio Oficial de Arquitectos Vasco Navarro, que en un artículo en este periódico decía que, “prescindir de su recuerdo, de lo que ha sido un aparte de la historia de la ciudad, no es inteligente ni sano …. sino contradictorio y malentendido, pues por encima de cualquier valoración ideológica de la persona, siempre quedarán vivos los resultados de su empeño profesional, por el que se le merece recordar, un empeño lleno de éxito y calidad”
Tres cuartos de lo mismo ocurre con el caso del escritor Ángel María Pascual, a quién también se le quiere retirar del callejero por su afiliación política afín al franquismo sin considerar su calidad como escritor, que ha sido defendida por diferentes expertos.
Desconozco qué nombres se van a poner en sustitución de Eusa y Pascual, pero espero que no tomen como ejemplo al ayuntamiento de Barcelona que ya hace décadas decidió rebautizar el paseo dedicado al navarro Víctor Pradera, como el Paseo de Lluís Companys.
Víctor Pradera, nacido en Pamplona, fue un político e ideólogo que militó y dio apoyo sucesivamente al Partido Carlista y a diferentes partidos tradicionalistas, católicos y de derechas. Tras el alzamiento de julio de 1936 fue detenido por orden del consejero de orden público de la llamada Junta de Defensa, y estuvo preso en la cárcel en San Sebastián hasta el 6 de septiembre de 1936, cuando fue fusilado por milicianos republicanos en el cementerio de Polloe, poco antes de la toma de la ciudad por el bando nacional.
Por su parte, Lluís Companys militante de Esquerra Republicana de Cataluña fue el presidente de la Generalidad que dio un golpe contra la II República el 6 de octubre de 1934 para declarar el “Estado Catalán”. Fue detenido, juzgado y condenado por rebelión en 1935, para ser posteriormente amnistiado por el gobierno del Frente Popular en febrero de 1936. ¿Le suena de algo esta historia?
Tras su amnistía, Companys volvió a ocupar la presidencia de la Generalidad y en julio de 1936, mediante un decreto creó el Comité Central de Milicias Antifascistas de Cataluña, al que se le atribuye el asesinato de entre 8.000 y 9.000 catalanes, mayoritariamente católicos. Huyó a Francia cuando la guerra estaba perdida. Los propios catalanistas lo acusaban de haberse convertido en un títere, primero de los anarquistas y luego de los comunistas, y le responsabilizaban de haber dejado hacer a los revolucionarios que tomaron el poder en Cataluña tras el fracaso de la sublevación y, por tanto, de ser corresponsable de las víctimas de la violencia revolucionaria. Su fusilamiento por el régimen de Franco lo convirtió en un héroe y mártir del nacionalismo a pesar de su turbio pasado.
En nuestra democracia posterior al franquismo ¿merecía una calle un político como Víctor Pradera? En mi opinión no, por no representar la conciliación entre todos los españoles que supuso la Transición y la Constitución de 1978 ¿La merece Companys? En mi opinión tampoco, por el mismo motivo, pero no solo la tiene, sino que el Estadio Olímpico de Barcelona lleva su nombre ¿Es eso un ejemplo de reconciliación?
Volviendo al callejero de Pamplona, el 24 de enero de 2022, tras una petición de Sociedad Civil Navarra (SCN), tuve el honor de descubrir junto con el entonces alcalde Enrique Maya la placa de la “Plaza de la Constitución Española de 1978”, en lo que había sido la plaza del Baluarte. El actual equipo municipal ha decidido quitar la referencia “española de 1978” y dejarlo en “Plaza Constitución” a secas. No parece que la reconciliación les importe mucho.
Eso sí, a nuestro alcalde se le ve encantado cada año por el día de la patria vasca como anfitrión de su jefe de filas y condenado por pertenencia a la banda criminal ETA, para recordarnos machaconamente que Pamplona es la Jerusalén de su quimérica “Nación de la libertad”. Esa banda que secuestraba (privando de la libertad) y que asesinó a casi 900 personas, mayoritariamente en democracia, y de cuyos crímenes sus herederos políticos aún no se han arrepentido. Esa banda cuyos miembros son ensalzados en las “korrikas” subvencionadas por nuestro ayuntamiento y en muchas celebraciones abertzales. Esa banda asesina en cuyo emblema figuraban un hacha y una serpiente, que no es lo mismo que un “sirón”, aunque por su parecido algunos los confundan.
Eduardo López-Dóriga Enríquez
Presidente de Sociedad Civil Navarra
www.sociedadcivilnavarra.org

